Todavía nadie en el mundo ha sabido aprovechar toda mi riqueza. Sigue intacta. Vosotros, los humanos, comenzasteis a pensar y actuar en la tierra de tal manera que surgió la muerte en vosotros. En mí no está. Mis fuerzas vivas permanecieron ocultas para vosotros.
Necesito un ser humano que se comprometa a ser el primero en atravesar este camino. Solo entonces sabrá lo que es la vida.
Decidí adentrarme en la naturaleza. Decidí caminar con mis pies, con mis patas por la tierra, para poder electrificarme,para llenarme de estas fuerzas y poseerlas. En cuanto nace un ser humano con su cuerpo vivo, es capturado. Todavía no sabemos por qué llora, pero nos gustaría saberlo.
Cuando tenía 35 años en el Cáucaso, me vino un pensamiento: ¿Por qué sucede así con los humanos? Comen grasas, se ponen ropas para protegerse del frío y viven en casas, pero se enferman, se enferman y mueren. Esto no es bueno para ellos.
En invierno, en las montañas, vi a un hombre caminar bajo un frío sin gorro. De repente me di cuenta: una persona endurecida no tiene miedo de la naturaleza, no tiene miedo de los resfriados ni de las enfermedades. En el propio ser humano existen fuerzas para adaptarse a cualquier condición de la naturaleza. Todos podemos y debemos desarrollarlas más aún.
Vi en un sueño a un hombre hermoso caminando desnudo por la nieve. Su piel estaba bronceada. Me desperté muy inspirado. Esa imagen se convirtió en el propósito de mi vida. Entonces decidí endurecer mi cuerpo para llenar el camino hacia el aprovechamiento de las riquezas que la naturaleza nos ofrece.
Tire el gorro que siempre llevaba sobre mi cabeza… esto era nuevo para mí, pero no sabía que ese era el comienzo de mi idea. Los vecinos se fijaban en mi cabeza desnuda. Se reían mucho de mí y me preguntaban:
—¿A dónde vas?
Yo les respondía:
—Voy a donde no van los demás.
Alguna desgracia ha hecho llorar a este niño. Tuve una idea: si lo tomo en mis brazos y se calma, entonces, mi propósito en la vida debería hacerse realidad. Significaría que estoy en el camino correcto.
Acerqué a la madre del niño y cortésmente le pedí su permiso para cogerlo. La madre accedió. El niño se calmó en mis brazos.
Así que me toca cambiar todo lo anterior hasta hoy. Llegar a ser útil para cada uno de estos niños. Esto traerá la paz a todos.
Vosotros huís de lo malo y del frío. Os encanta la primavera, los días cálidos, el solecito despejado. Pero yo espero la nieve blanca. Para mí, amar la naturaleza es vivir en igualdad con ella.
Empecé a escuchar mi cuerpo. Camine a través del frío helador con la confianza de que la naturaleza no me haría ningún daño. En aquel tiempo caminaba como todo el mundo, con zapatos, pero ya he aprendido que es necesario caminar descalzo, incluso en invierno.
Yo todavía no tenía el coraje de hacerlo. Y un día vino a verme un hombre. Su madre estaba enferma, enferma de gravedad. No caminaba desde hacía 17 años. Fui a verla y me dije:
—Si la naturaleza me da fuerzas y consigo poner en pie a esta mujer, entonces caminaré descalzo en invierno sobre la nieve.
Llegué a su casa, la atendí, lancé sus muletas a la guardilla y me fui. Un día me dijeron:
—La mujer camina por su propio pie.
Se me pusieron los pelos de punta.
—Vaya, ahora tengo que descalzarme para andar por la nieve. Con esto surgirá mi fuerza.
Salgo del pueblo, me descalzo y por primera vez camino sobre la nieve con los pies desnudos: 10 km. Hace frío, pero lo aguanto conscientemente. Llego al pueblo y empiezan a reírse de mí.
—¿Por qué se ríen? —me pregunto—. Tengo mucho frío. Algo falla aquí.
Es que cualquier cosa que nos pongamos encima es extraña a nuestro cuerpo. Es algo totalmente inerte, muerto. Y si está muerto, entonces… poco a poco me quedo en calzoncillos. ¡Qué maravilla! ¡Qué salud! No puedo describirlo.
La naturaleza tiene cualidades maravillosas. Necesitamos experimentarlas, estudiarlas y comprenderlas. Si aprendes, vivirás mucho tiempo.
Entonces ya tengo que aprender a no necesitar la casa, aprender a vivir sin comida ni agua.
Ahora la tierra, el aire, el agua sufren a causa del hombre. Debido a esto, el ser humano ha construido una vida temporal para sí mismo.
Petición evolutiva. Ahí es donde está la respuesta. Aprender a pedir esto a la naturaleza, en vez de caprichos.
—Naturaleza querida, muéveme para vivir como tú.
Pero el amanecer de hoy aún no ha llegado, y todos vivimos en el ayer.
La gente no puede estar satisfecha. No importa lo que les des, nunca es suficiente. ¿Qué hay en la Tierra? Seguirán con hambre y quemarán toda la Tierra, y no se calentarán.
Un criminal nace a través del dinero que se multiplica entre la gente. Lo que se compra se vuelve inútil, y la riqueza es el enemigo. En el dinero no hay nada vivo. Todo está muerto. A través del dinero hemos creado la muerte.
Un hombre en el norte mató a un oso polar, y de este acto, en algún lugar de la naturaleza, nació una guerra.
Por aquí, en el jardín, paseaba el maestro, siempre pensando, siempre buscando: ¿Cómo presentar esta idea a la gente? ¿Cómo dirigir a la gente hacia la naturaleza para que tengan suficiente comida, que la tierra ha preparado para ellos?
Por esto, el maestro no comió durante muchos días. Aguantaba. Sabía que era posible. Y como él decía:
—Se puede vivir en este mundo alimentándose de otros productos. Y la humanidad se alimentará de una nueva forma: del nitrógeno, una forma viva.
Esto es exactamente lo que no sabemos hoy. En la naturaleza se puede vivir sin comida. Solo se necesita trabajar con uno mismo durante mucho tiempo, reconstruir la manera de pensar para que el cerebro no tenga miedo de quedarse sin reservas.
14 de septiembre, quinto día de mi ayuno. No tomo agua ni comida, salvo el aire que me rodea.
20 de septiembre, 11 días de mi ayuno. Lo dedico a toda la gente del mundo.
En la naturaleza, nuestros hábitos desaparecen y surge la paciencia. Y no cualquier paciencia, sino una paciencia consciente.
La evolución nos abrirá los ojos. Comenzaremos a vivir de una manera nueva.
No como nada desde hace 65 días, y tampoco bebo agua. Somos dos: el maestro y Valia. Comenzamos ya el tercer mes sin comer. Todo lo ajeno al cuerpo se ha ido, pero las fuerzas naturales se han quedado con nosotros. No hay ninguna enfermedad.
La naturaleza ya está obligando a las personas a que cambien su forma de vida. Como resultado de esta nueva manera de vivir, el ser humano se endurecerá. Si no hacemos este cambio en la vida, entonces no valdremos nada.
Somos la nueva humanidad.
El agua fría es la fuerza. Ella es natural y está viva. Ama a los niños, les da salud. El agua fría es la ayuda para la mente del ser humano.
Según las enseñanzas de Ivánov, no hay que buscar la curación, sino evitar que la enfermedad entre en uno.
—No te olvides de la naturaleza, del aire, del agua, de la tierra. Necesitas tenerlos cerca de ti como amigos. Tienes que amarlos con tu cuerpo.
Yo vine a la tierra no por vuestra economía, no por vuestra política. No lo necesito. Mi idea es liberar a una persona pobre y enferma y darle fuerza de voluntad.
He aprendido a ser útil para los enfermos. Ahora necesito pacientes, pero hay pocos. Para mi ciencia, todavía no creen que sea tan instantánea y fácil, tan útil e inofensiva.
Le digo al pastor:
—Aquí también hay un hombre.
Él responde:
—Sin un amo, hasta una oveja llora.
Y yo le digo:
—Te viene bien el maestro de la naturaleza.
—¿Devuélveme la vista! ¿De verdad eres tú, Señor?
Me he ganado estos dones. Nunca olvido mi responsabilidad con cada persona enferma. Quiero dar a la ciencia todo lo que he encontrado en la naturaleza. Quizás la medicina entienda que yo la aplique a los necesitados.
—Pobre gente, ¿qué estáis esperando?
Aquí pido permiso para entrar en la consulta. Me preguntan:
—¿Usted es médico?
El padre de la medicina, Hipócrates, dijo:
—A menos que la naturaleza misma sane al hombre, necesitarás un burro.
La medicina ha hecho mucho. Se muere.
El doctor me detiene:
—¿Está usted diciendo que las personas pueden no morirse?
Yo le respondo:
—No van a morir. Aunque esto aún no lo hemos visto, creo que es posible.
En ese momento, mis palabras llevan al médico a concluir que yo soy un enfermo mental. Me pide que espere, porque luego iremos juntos al lugar donde me ayudarán a practicar mi método.
Yo no sabía todavía que habían decidido aislarme por mi manera de pensar. A los médicos les da miedo alguien como yo. Así que me llevan con escolta al hospital psiquiátrico de Sovo.
Ahora no soy normal entre la gente, pero mi enfermedad son mis ideas.
Llegó el año 1941. Hitler se dirigía amenazante a Moscú y Stalingrado. Para obstaculizar su éxito, los alemanes emprendieron la lucha. Preguntaban a los hombres rusos:
—¿Quién vencerá al enemigo?
Yo no tenía miedo de decirles la verdad directamente:
—El que la empezó, perderá la guerra.
Todo el tiempo yo trataba de influir en la mente de Hitler para que no tuviera buena suerte.
Hubo feroces batallas en el frente. Yo también estuve en el combate. Fui torturado por la Gestapo. Me enterraron desnudo en la nieve durante media hora, y cuando me desenterraron, de mi piel salía vapor.
Era el 22 de noviembre de 1942. Había una helada terrible. Me llevaron durante toda la noche desnudo en una moto por las calles de la ciudad. Yo lo soportaba mientras pedía a la naturaleza la victoria de nuestros soldados rusos.
Hitler ya no tuvo éxito en esta guerra.
El maestro decía que todo llegaría a su fin. Los trabajadores sufrirán represión. Las enfermedades serán terribles e incurables. La gente no encontrará agua pura, ese sabor del agua auténtica.
Los niños no obedecerán a sus padres. Los padres estarán muy irritados, y entre ellos habrá rivalidades.
El maestro cerraba los ojos a menudo y hablaba de los desastres que habría en la tierra: desastres que la humanidad aún no había experimentado en miles de millones de años. Pero decía que sería por última vez. Después de eso, la gente viviría en paz, en amor y amistad.
En el año 1936, traté de encontrar una solución a mis convulsiones, a mi epilepsia. Busqué por todas partes. Mi madre me llevó a todo tipo de terapeutas y curanderos. Nadie me ayudó.
Al conocer todos mis problemas, el maestro me sacó a la calle. Los dos rodeamos el pueblo y volvimos a entrar en casa. Entonces me preguntó:
—¿Qué pasa?
—Nada bueno.
—Agáchate.
Empecé a agacharme y no me dolía. Me sonrojé de la vergüenza. Él me dijo:
—Tranquila, parece que no me habías tomado el pelo. Vámonos.
Salimos afuera. Me dio de nuevo tres vueltas alrededor de la mesa y me dijo:
—Échate encima agua fría cada mañana y cada noche. Da limosna a los pobres. No comas desde el viernes desde las 6 de la tarde hasta las 12 del mediodía del domingo. No bebas alcohol, no fumes. Cuando llegues al pueblo, no te vayas a tu casa. Ve a cada una de las otras casas, saluda, discúlpate, pide perdón, y así hasta haber pasado por todas. Entonces ve a tu casa.
—Maestro, no le debo nada a nadie.
—Te lo dije.
Se dio la vuelta y se fue.
Cuando recibo a una persona enferma, le digo que busque su despertar en la naturaleza y que desde ese momento se sentirá mejor. Solo tienes que cumplirlo.
Hazlo así:
- Primero, te echarás encima un cubo de agua fría por la mañana y otro por la tarde. Estés donde estés, hazlo con el alma y el corazón.
- Segundo, serás amable con las personas. Inclínate con respeto ante las personas que se crucen en tu camino. No esperes a que te digan «Hola». Díselo tú primero. Toma la iniciativa para que la persona despierte.
- Tercero, busca a una persona necesitada. Ayúdala si puedes. Dale algo si tienes. Yo doy para nunca enfermarme. Dale sin ningún juicio.
- Cuarto, no comerás ni beberás nada durante 42 horas, desde el viernes a las 6 de la tarde hasta el domingo a las 12 del mediodía. Esto será tu gran fiesta. Todos los sábados de cada semana. Luego tendrás que salir a la naturaleza y levantar la cara para respirar el aire puro. Inspira tres veces y pide:
—Maestro, dame mi salud. - Quinto, no beberás alcohol, no fumarás, no ensuciarás la tierra.
Cuando realmente hagas todo esto, merecerás tu sitio en la naturaleza.
Califícate a ti mismo como un conquistador de la naturaleza, un maestro llamado a llevar la salud a los enfermos, pero no con terapias, sino por llevar el despertar de las fuerzas naturales a las mentes.
Él está convencido de que puede curar varias enfermedades.
Con base en lo anterior, la comisión llega a la conclusión de que Ivánov Porfiri Kornevich sufre de trastornos mentales. Envía al prisionero Ivánov a un hospital psiquiátrico para recibir tratamiento obligatorio en el hospital penitenciario número…
El maestro dijo:
—Ni aviones, ni helicópteros, ni policías, ni seguridad, ni hospitales, ni barcos. Nada de eso debería haber en la tierra. La gente debe vivir libremente.
El maestro os besará a todos. ¿Sabes por qué? Todo esto tiene que ver con el amor natural. Detendré a cualquier enemigo con el amor y lo llevaré conmigo. Os liberaré de él. Ya no progresará. Habrá sombras de él, pero serán parciales. Hay que comprender esta idea.
¿Qué es nuestra vida natural? No hay nada más hermoso que tu cuerpo vivo.
Él comprendió que una persona se encuentra mal cuando no se alimenta del espíritu. Y cuando siente la presencia de un Gran Espíritu, un gran creador, la persona se vuelve diferente. Le llega ese gran amor que la humanidad aún no ha experimentado.
La persona comienza a respirar de manera diferente, a ver de manera diferente. Y este estado, el maestro lo mostró a la gente. Y no comía para presentar que la humanidad… para que la humanidad siguiera un nuevo camino a través de la conciencia.
A aquellas personas que siguieron su camino y que empezaron a practicar su método, el maestro les recomendó no comer ni beber el día de sábado. Y aquel fue solo el comienzo de ese gran viaje en el que el maestro dijo:
—Yo hice un poco. Vosotros tendréis que hacer todo.
Después de todo, el sábado es un gran día.
Estudié en la Universidad de Leningrado, en la Facultad de Psicología. Me envenenaron con mercurio en uno de los laboratorios. El envenenamiento fue bastante severo. Mi salud se deterioró drásticamente. Y entonces volví a casa de mis padres en Siberia.
Un día tuve un sueño. Algo me levantó. Empecé a temblar. ¿Esto es una visión o un sueño? Me detuve frente a un hombre que me preguntó:
—¿Qué quieres en esta vida?
Le digo:
—Quiero obtener el conocimiento que la humanidad ha acumulado, para ser de utilidad en la tierra.
Y me señaló con la mano, como diciéndome:
—Vete.
Desde entonces, mi salud ha mejorado enormemente.
Y luego, un día, vinieron mis amigos y me dijeron:
—Hay un maestro en Rusia, conocedor de las leyes de la naturaleza.
Me emocioné muchísimo. La alegría era indescriptible. ¿Cómo es que hay un maestro en Rusia? En todas partes hay maestros, especialmente en la India. Han logrado mucho, pueden transmitir mucho a la gente. Y aquí está el nuestro, ruso, en Rusia.
Y en invierno llegamos al pueblo de Bern Kundí. Encontramos esta casa en la calle Sad. Abrí la puerta, di un paso, luego otro, y entonces me pasó algo que no puedo describir con palabras.
Ya le había visto. Ya había soñado con él. Yo estaba frente a él en mi sueño. Así que este es Dios mismo ante quien nos encontramos en la naturaleza. Y ya no tuve ninguna duda.
—Esto es lo que hay que hacer.
Iba caminando por la calle G de Stalingrado. La helada era terrible. Probablemente estábamos a 37 grados bajo cero. Vi a un hombre caminando con paso firme, con la mirada al frente: alto, esbelto, fuerte, con una hermosa barba gris y vistiendo únicamente unos pantalones cortos.
De él hablaba mi madre. Había venido a Moscú. Inmediatamente supe que tenía que encontrarlo. Y cuando lo vi por primera vez, me di cuenta de que había una gran persona frente a mí: una persona que irradiaba un poderoso flujo de energía.
El maestro siempre estaba solo. La gente no le entendía y no quería lo que él ofrecía. Siempre era perseguido y ofendido, y acababan encerrándolo en hospitales psiquiátricos y prisiones.
Nadie le conoce, pero él lleva ya 40 años transmitiendo y confirmando su idea. Sabe que la auténtica vida solo es posible a través de su camino.
Conocí a la gente que comenzó a acudir aquí donde estaba. Pero en 1979 llegó la policía. Acordonó el pueblo, montó puestos de guardia, y otra vez el maestro se encontró acorralado.
Durante 3 años y medio (1260 días), su casa, la casa de su vida, se convirtió en su prisión. Se le permitía alejarse de la casa no más de 30 metros. No podía ir más allá.
Era mi cumpleaños, 50 años. Por supuesto, no podía evitar invitar a Porfiri Kornevich por carta, aunque sabía que no le permitían ir a ninguna parte.
Vinieron muchos invitados de diferentes ciudades y también del extranjero. Entonces, en medio de los festejos, ocurrió un milagro.
De repente, la puerta se abrió, y en el umbral estaban Porfiri…
Mis amigos rodearon a Porfiri. Le hicieron muchas preguntas, y él las respondió todas. Todos estaban tan contentos. Las conversaciones habían tenido lugar desde el alma.
El maestro estaba orgulloso y sentía que había hecho lo correcto, a pesar del riesgo. Entonces dijo:
—La naturaleza me dijo: «Vete». Y yo decidí irme.
Ya tenéis la enseñanza. Guardadla en vuestro corazón sano. Convertíos en maestros. A quien quiera saber, enseñadle todo lo que conocéis.
—Sugiere la naturaleza. Y en la naturaleza está la acción. Y en la acción está el trabajo. Y en el trabajo está la idea.
Es necesario recuperar aquellas cualidades de naturaleza que preservan al ser humano.
—Tenéis que vivir, pero no tenéis que morir.
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